'Mike, mírame. Tómame.'

Me decía mi compañera de baile con más experiencia, mientras nos guíabamos por todo el salón.

Cada clase de baile me lo tomaba muy en serio.

Técnica, forma de guíar, movimiento del cuerpo, el paso siguiente. Todo sucedía mientras una idea me taladraba la mente:

¿En qué momento empiezo a disfrutar esto?

A pesar de que bailar era una decisión personal, siempre veía que, la situación, nunca era cómoda.

Error tras error.

Al hablarlo con mi profesor, él me decía:

"Bailar es como una historia de amor de 3 minutos."

Debes de comunicar correctamente, sentir cómoda a la otra persona. Confiar.

Eso, sólo se obtiene con la práctica.

Y, cuando llegues a ese nivel, lo harás de manera natural. No faltes a clases.

Mi visión, con ese mensaje era alcanzar el "shot" de dopamina más grande que un bailarín ama escuchar:

"Que bien bailas".

En mis primeras clases, sabía que no iba a rendirme tan fácil.

Al mismo tiempo, emprendía.

Mi agenda empresarial era un descaro.

Observa. Ventas del lado izquierdo, producto del derecho.

A pesar de la gran exigencia física y mental, durante 2 años, NUNCA dejé de hacer ambas actividades.

Fue la disciplina más difícil de mi vida.

Odiaba esos momentos de incomodidad, pero, sabía que me gustaban mucho.

Y, si quería destacar, debía ser dedicado en todo momento.

No excusas.

Cada maldito día me levantaba a bailar y a dar lo mejor de mi con la intención de dominarlo, a pesar de todos los errores y sin tomármelo personal.

Iba a cada ensayo y presentación que aparecía, aunque me viera mal.

Mi intención era, SIEMPRE, estar en el juego.

Conforme avanzaron los meses, de una manera muy interesante, vinculé los aprendizajes de cada una.

Mientras más bailaba, mejor líder me convertía.

Lo notaba con mi equipo de trabajo y en mis momentos de salsero en crecimiento.

Llegué a una nueva versión profesional gracias a esa mezcla exótica.

Hoy, al voltear atrás, me doy cuenta que si unes tus actividades extracurriculares con área profesional se crean conceptos bastante alineados, contigo.

¿Qué pasa cuando juntas salsa y negocios?

Sucede esto:

1. "Saber llevar"

"Saber llevar" es un término que se utiliza cuando una persona toma el liderazgo de las figuras en el baile.

Ésta envía las señales y la otra persona te acompaña en la ejecución.

El término es vital a dominar porque cada persona es distinta.

Sólo puedes identificar el estilo, ahí, bailando, en ese preciso momento. No lo puedes estudiar como tal libro.

Cada par de manos es distinta. Te lo juro.

Es un error pensar decir que sabes bailar y no dominas este concepto.

Y, los mejores profesionales de salsa se enfocan mucho en esto. ¿Cómo me adapto más rápido a esa situación?.

La clave: "Velocidad de identificación".

Encontrar con la mirada y el cuerpo esa sincronía, de manera que ambos avancen y creen ese lazo de confianza.

De lo contrario, forzar de mala manera las señales puede provocar que ambos la pasen mal.

El rechazo aparece y al final, alguno decidirá sentarse por las razones incorrectas.

Pero, si todo sale bien, la "quimica" fluye y ambos sienten que se comprenden.

Lo sé.

Suena injusto, pero, si bailas mal, eso se genera.

Puede asimilarse a una conversación "sin jugo" ó a un pleito.

Todo lo que puede hacer una canción. Me decían.

Te cuento todo esto porque, en negocios, curiosamente, cuando estás con clientes, pasa exactamente lo mismo.

Conforme aprendía a escuchar y a detectar rápidamente estilos, con mis prospectos de negocios sucedía exactamente lo mismo.

Buscaba la misma táctica, preguntando mucho:

  • ¿Cuál es el "dolor" más grande que tienes?
  • ¿Qué es lo que los detiene de comprarnos?
  • ¿Qué falta? ¿Qué necesitan?

Me volví una persona que debía escuchar señales.

Porque, cuando las tienes, marcar es más fácil.

Dirigir a tu cliente a resolver su problema es incluso, divertido.

Es de novatos pensar que poniéndole tu producto y forzarlo a escuchar tu "pitch" de una hora garantice que te compre.

Sé respetuoso. Entiende las señales. Y sé propositivo, de acuerdo a la situación.

Te garantizo que harás más negocios y filtrarás mejor tus relaciones profesionales.

Entiende si, lo que quieren hacer ellos, es lo que tú quieres marcar también.

2. Constancia

No hubiera podido lograrlo sin haber creado una disciplina emocional.

Todo, ejecutado bajo la misma dura presión, cada día, te llevará SIEMPRE a algún lado.

No puede ser que pases años haciendo una actividad y no te vuelvas mejor en ella.

Con esto claro, para llegar más lejos y para alcanzar técnicas nuevas, debía entrar a comunidades donde habían mayor número de "expertos".

Por regla del promedio (eres el promedio de las 5 personas con las que más interactúas), mejoré mucho gracias a ir a eventos, grupos nuevos de baile y a las reuniones de las comunidades.

Cuando sientes que ya llegaste a un nivel, para no estancarte, te verás en la necesidad de encontrar gente con dudas más difíciles de responder para ti.

Mi consejo es:

Identifica donde se encuentran esas personas en las que quieres llegar a ser.

Y, pasa tiempo con ellas, día tras día.

Programación, diseño, fútbol, baile. No importa.

Constancia con tu actividad y búsqueda insistente, para que puedas llegar a esas personas de alto nivel, a las que tú quieres llegar a ser.

Esa es la fórmula.

3. "El momento correcto"

No existe.

Nunca habrá un momento correcto.

Sé descarado. Por favor. Equivócate.

Si no funciona, no pasa nada. Prueba y error.

Con mis clases, en muchas ocasiones NUNCA intentaba niveles más avanzados porque no me sentía listo.

Hasta que un día por equivocación entré a una clase con técnicas súmamente desconocidas y, pude adaptarme rápido.

Si hay algo que debes hacer, que debes decir, que quieres lograr, pero tus actividades no están vinculadas a ello, esperando el "momento", con las condiciones adecuadas, pueden pasar años y perder la oportunidad.

No pierdas el tiempo pensando que no tienes la habilidad.

Ve. Por todo. AHORA.

Comprueba por ti mismo si todavía no estás a la altura.

Ataca ese reto que visualizas lejano, porque probablemente no lo esté.

Finalmente...

Bailar salsa me hizo crecer, a la par que emprendía.

Costó trabajo.

Pero, descubrí que hay que llevarnos a un nivel de análisis más detallado, de forma superior, para encontrar mensajes más relevantes.

La mejora constante y la lucha por ser un mejor bailarín hizo que me enfocara en lo más importante, en las personas.

Si a éstas las entiendes, al máximo nivel que se pueda, habrás comprendido la base angular para cualquier negocio exitoso.

Todos tenemos esa actividad que nos fascina y encanta.

Vincula lo mejor de ella con lo que haces día a día, profesionalmente.

Crecerás más rápido. Te lo garantizo.

Y, con la persistencia correcta, escucharás, algún día:

"Que bien bailas".