Era 2010.

Estaba caminando rumbo al área de recursos humanos de una prestigiosa empresa en Ciudad de México.

Había salido hace un par de meses de la universidad y estaba seguro que el siguiente paso era trabajar para esos enormes corporativos que todo el mundo hablaba en mi carrera.

Triunfar en la vida era estar ahí. Decían.

Entonces, mi plan era simple.

Mostrar mis buenas calificaciones, una actitud convincente y, seguro, habría una alta probabilidad de ser contratado.

(Tan novato en la vida.)

Al llegar, la secretaria me dice que esperara 5 minutos porque me iba a recibir el director principal.

Mientras el tiempo llegaba, comencé a percibir una sensación extraña de que algo no encajaba.

No eran nervios, ni falta de confianza.

Eran ideas.

Ideas de que esto no iba a funcionar.

Esos segundos donde sientes que tu cuerpo y mente dice que esto no es lo que tú quieres. Que tú buscas otros caminos.

Al final, fue momentáneo. Ignoré dicho escalofrío.

Minutos después, entré a la oficina.

Un lugar muy elegante y bastante amplio. De esas primeras veces que piensas que esto es lo que tú quieres tener en unos años.

El director me pide tomar asiento y me comenta que tengo sólo 10 minutos.

Saludé formalmente.

Me hizo un par de preguntas, inglés, historial académico, fortalezas. Nada del otro mundo.

Dentro de mis límites juveniles, hice mi mejor esfuerzo por demostrar que era apto para formar parte de su equipo.

Conforme avanzaba la entrevista y tras varias respuestas, noté algunas malas señales por parte de él. Gestos.

Comenzaron las preguntas sobre los libros que me gustaban, mis actividades en tiempos libres, mi participación en eventos relacionados.

En su mayoría, mostré muy poca ó nula experiencia en esas respuestas.

No que no leyera ni nada, sino simplemente que jamás me había puesto a leer puestos de consultoría financiera por gusto.

Ni mucho menos asistir a eventos por fuera de la universidad por el simple hecho de querer hacerlo.

Casi llegando al final, me destrozó con una pregunta particular.

¿Cuántas personas consideran que tienes talento en esta área?

Nadie me había hecho esa pregunta.

Por supuesto que le dije que muchos profesores y directivos de mi universidad tenían buenas referencias con respecto a mi desempeño, pero nada más.

Hubo un silencio incómodo.

Asintió con la cabeza y me dijo una frase que hasta hoy recuerdo.

"Seré sincero. No te veo talento para las finanzas. No hay referencias, no vinculas NADA de lo que a ti te gusta con este sector y la realidad es que tampoco nadie te conoce en el medio. Gracias por venir."

Directo y breve. A matar. Ahí terminó todo.

Obviamente, mi reacción fue decirle que tenía un alto grado, un par de certificaciones y que mi interés era muy grande.

No funcionó.

Agradecí y me retiré.

Al salir, derrotado, pensaba miles y miles de veces en mis fallos.

Fue una caminata depresiva. De esas que uno va con cabeza abajo y la lluvia acompañándote.

Durante el rumbo a casa, tuve una de las reflexiones más importantes de mi vida sobre mis necesidades profesionales.

No es que fuera mi primer trabajo, ni tampoco consideraba que acababa mi vida empresarial, sin embargo, me estaba dando cuenta que coincidía más esa opinión.

Lo vi desde otra perspectiva.

Sinceramente, no es de mi agrado las finanzas. Es más, son una afinidad, pero no son mi fuerte y ni forma parte de mis más grandes gustos.

Nunca tuve una atracción por ir a los eventos de ese estilo ni conocer autores, más que por obligación universitaria.

Irónicamente, estaba pidiendo trabajo sobre esa ÁREA, porque mi status quo me decía que ESO era lo que debía hacer.

Tuve un rompimiento mental muy fuerte.

En los siguientes meses, me dediqué tiempo. Conocer qué era lo que me atraía.

Tuve muchos conflictos personales y de todos lados.

  • Pero, ¿eso estudiaste, no?
  • ¿Cómo vas a vivir?
  • ¿Sin título qué pueden darte?

Aún así, seguí y le di un giro a mi carrera profesional.

Comencé a programar, emprendí, formé parte de empresas voluntariamente.

Encontré talento increíble y un ecosistema impresionante.

Fue en ese momento donde descubrí mi verdadera mezcla de pasión y los años más complicados de mi vida, sinceramente.

Pero, llegué a la X de mi mapa.

Startups y negocios tecnológicos eran mi fórmula, el estilo de vida que yo quería.

Debo admitir que, después de la entrevista, por un tiempo odié con el alma lo que me dijo este señor.

Hoy, le agradezco enormemente por haberme rechazado tan descaradamente.

¿Por qué te conté esto?

Porque por mucho tiempo sabía que tenía muchas afinidades. Habilidades que puedo dominar y ejecutar.

Pero hay pocas que las hago realmente por pasión.

Aunque suene cliché, debes darle tiempo a encontrar lo que realmente te mueve.

Y luego, inyectarle cantidades masivas de acción, horas y lágrimas para realmente destacar.

Afinidades + Perseverancia = Talento

No importa qué tan bueno seas en un área, si no te mueve más allá de lo normal, es probable que te estanques.

Los mejores puestos, las puertas más interesantes, las oportunidades mundiales más grandes, están en las personas que destacan, que dominan su lado técnico y que socialmente son bastante hábiles, porque hablan sobre lo que les gusta.

No lo aprendí en la universidad, ni en los amigos, ni en mi familia.

Lo aprendí de experimentar y arriesgar.

Talentos que brillan ó mueren

Todo mundo tiene afinidades.

En la escuela teníamos amigos increíbles en fútbol, matemáticas, diseño.

Hoy, años más tarde, es probable que los veas hacer otras cosas y te preguntas enormemente por qué no siguieron el camino tan brillante que tenían.

Puede que haya sido una elección personal ó las circunstancias los hayan llevado hacia otro lugar. Es totalmente viable y aceptable.

Pero, ¿qué hubiera pasado con una ejecución masiva sobre esa afinidad?

Nosotros, ¿qué tanto nos estamos empujando hacia el cielo?

Cuestiónate:

  • ¿Cuántas veces terminamos nuestro trabajo regular y nos queremos olvidar del tema?
  • ¿Cuántas veces en tiempos libres escribimos en comunidades sobre nuestros descubrimientos, consejos ó tips para ser mejores en esa área?
  • ¿Cuántas personas autoritarias de los temas que nos gustan nos conocen ó al menos hemos asistido a sus eventos?
  • ¿Cuántos libros leemos sobre eso diariamente?

Es importante determinar si estamos sobre ese camino.

Es una prioridad. No importa en qué momento de vida te encuentres.

El mundo está buscando arte en las personas.

Personas que no tengan miedo a destacar y demostrar que pueden llevar su talento al punto más alto.

Persigue lo que te gusta y cambia si es necesario

Persigue lo que te gusta y cambia si es necesario.

Es cliché. Te juro que si.

Lo has escuchado un montón.

Lo he debatido miles de veces con amigos, colegas, jefes, universidades, empresas.

Cada pasión tiene su juego, su estilo, su tablero, su forma de generar valor hacia los demás.

Al decidirte por una afinidad, te enfrentarás con obstáculos ridículamente difíciles. Te tomará tiempo.

Y está bien.

Aprende. Falla. Domina.

No se trata solamente de ser un administrador, vendedor, contador, diseñador.

"Ejerzo y ya."

Ni tampoco de que seas la estrella de tu empresa.

La idea es que busques ser el MEJOR de tu sector.

  • ¿Cómo puedo ser de los MEJORES arquitectos de Latinoamérica?
  • ¿Cómo puedo ser de los MEJORES abogados de México?
  • ¿Cómo puedo ser de los MEJORES programadores del mundo?

No pienses que porque estás en una región alejada de ciudades no puedes ganar.

Hoy tenemos Internet, portafolios digitales, conexiones ilimitadas.

Aprovéchalas.

Paso todos los días estudiando, leyendo, conectando, buscando nuevas formas de mejorar mi juego profesional.

Me gusta y es difícil. Si. Pero esas son señales de que voy en buen rumbo.

Busca lo mismo.

Escríbelo todos los días. Pégalo en tu escritorio.

No lo dejes al azar. Jamás.

El director

Estoy seguro que en un mundo paralelo él me dio una oportunidad y existe un Miguel Nieva en ese camino.

Espero que esté luchando por ser un gran líder a nivel financiero.

Hace un par de semanas me encontré al director que me entrevistó.

Me acerqué y lo saludé. Me estrechó la mano, aunque me mostró un gesto de no saber quién era, no se acordaba.

Daba lo mismo.

Siempre tendrás gente que te agradecerá infinitamente aunque no los puedas recordar en ese momento.

Y eso, es lo más importante.